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Vender una vivienda

¿Es mejor vender una vivienda con inquilino o esperar a que termine el alquiler?

¿Tienes una vivienda alquilada y estás pensando en vender? Vender ahora o esperar puede cambiar el tipo de comprador, el precio, los plazos y la estrategia. Te explicamos qué deberías comparar antes de decidir.

Por Mari

Tienes una vivienda alquilada. Y estás pensando en venderla. Entonces seguramente te has hecho esta pregunta: ¿La vendo ahora con el inquilino dentro o espero a que termine el alquiler?

*(Antes de seguir, por si no lo has visto, esta entrada tiene mucha información útil si estás en esta situación, pero como no es sencillo por eso es un poquito larga. Si al terminas no te arrepentirás). 

Buena pregunta.

Porque las dos opciones pueden tener sentido. Y las dos pueden ser un error. 

Depende de la vivienda. Depende del contrato. Depende del inquilino. Depende del tiempo que quede. Y depende, sobre todo, de los números.

Así que no voy a darte una respuesta bonita del tipo: “Siempre es mejor esperar.”

O: “Véndela ya y olvídate.”

No funciona así. Lo que voy a hacer es poner las dos opciones encima de la mesa. Y compararlas.

Propietario comparando vender una vivienda alquilada o esperar

1. Antes de comparar, una cosa importante: sí puedes venderla alquilada

Empecemos por aquí.

No tienes que esperar obligatoriamente a que el inquilino se marche para vender. Una vivienda alquilada se puede vender.

Lo explico con detalle en nuestra guía sobre cómo vender una vivienda con inquilino.

Pero venderla ahora y venderla libre no son exactamente la misma operación.

Cambia el tipo de comprador. Cambia la disponibilidad. Cambia la forma de enseñar la vivienda. Puede cambiar el precio. Y cambia lo que realmente está comprando quien firma en notaría.

Por eso la pregunta no es: “¿Se puede vender?” La pregunta es: “¿Qué me interesa más en mi caso?”

2. Vender ahora significa vender también una situación de alquiler

Imagina dos viviendas idénticas.

Mismo edificio.

Mismos metros.

Misma orientación.

Misma terraza.

Misma cocina.

Una está libre. La otra tiene un contrato de alquiler vigente durante bastante tiempo.

Para una persona que quiere comprar para vivir, no son exactamente el mismo producto, aunque por características son iguales. La vivienda libre puede utilizarla cuando corresponda. La vivienda alquilada puede obligarle a respetar el contrato existente conforme a la normativa aplicable.

Eso no significa que la segunda vivienda sea peor. Significa que está dirigida probablemente a otro comprador. 

Y ahí aparece una palabra importante: inversor.

Para alguien que quiere comprar una vivienda para alquilarla, encontrarla ya alquilada puede incluso ahorrarle parte del trabajo. Ya existe un contrato. Ya existe una renta. Y, si el inquilino es solvente y cumple, existe un historial.

Eso puede ser muy interesante. Pero solo si los números tienen sentido.

3. El alquiler que estás cobrando importa muchísimo

Aquí empieza la parte económica.

Supongamos que tu vivienda podría alquilarse hoy por 900 €. Pero tu inquilino paga 550 € porque el contrato se firmó hace años. Para un inversor, esas dos situaciones no son iguales.

Ahora imagina lo contrario.

La vivienda está alquilada a una renta razonable, el inquilino paga puntualmente y todavía queda tiempo de contrato. Eso puede tener bastante más atractivo.

Por eso cuando alguien dice: “Una vivienda con inquilino vale siempre menos.” Nosotros desconfiamos.

¿Cuánto menos? ¿Por qué? ¿Con qué renta? ¿Durante cuánto tiempo? ¿En qué zona? ¿Con qué inquilino? ¿Y comparada con qué?

No existe un porcentaje mágico que puedas aplicar a todas las viviendas. Ojalá.

Me ahorraría unas cuantas horas de trabajo.

4. Si vendes libre, normalmente tienes más tipos de comprador

Este punto es sencillo.

Una vivienda libre puede interesar a: Una familia. Una pareja. Una persona que compra su primera vivienda. Alguien que quiere una segunda residencia. Alguien que todavía no sabe qué hará con ella. O incluso a un inversor.

Una vivienda con un alquiler vigente durante años puede descartar automáticamente a parte de esos compradores. Especialmente a quienes necesitan entrar a vivir pronto.

Menos compradores potenciales no significa necesariamente: “La tendrás que regalar.”

Pero sí significa que hay que plantear la comercialización de otra manera. 

No puedes anunciarla igual. No puedes dirigirte al mismo público. Y no puedes valorar únicamente los metros cuadrados. Hay que valorar también el contrato.

Propietario calculando la rentabilidad de una vivienda alquilada

5. Entonces, ¿esperar significa que la venderás más cara?

No necesariamente.

Puede ocurrir. Pero cuidado con convertir una posibilidad en una certeza. 

Si esperas, quizá consigas vender la vivienda libre a un mercado de compradores mucho más amplio. Eso puede mejorar tu capacidad de negociación.

Pero mientras esperas pueden pasar cosas. El mercado puede subir. Puede bajar. Los tipos de interés pueden cambiar. La demanda puede cambiar. Tu situación personal puede cambiar. La vivienda puede necesitar más mantenimiento. Y el comprador que existe hoy puede no existir dentro de dos años.

Por eso comparar solo: “Precio hoy” frente a “precio futuro” es demasiado simple. Hay más números.

6. Mientras esperas también estás cobrando alquiler

Esto a veces se olvida.

Si decides esperar un año para vender la vivienda libre, durante ese año normalmente seguirás cobrando renta. Eso forma parte de la cuenta.

Si cobras 700 € al mes durante doce meses, no tiene sentido comparar el posible precio futuro ignorando esos ingresos.

Pero tampoco puedes sumar: 700€ × 12. Y listo.

Porque también existen gastos. IBI. Comunidad. Seguro. Mantenimiento. Reparaciones. Fiscalidad. Plusvalía. Y posibles periodos o incidencias que puedan aparecer.

La comparación interesante no es: “¿Cuánto cobro de alquiler?”

Es: “¿Qué rendimiento neto voy a obtener durante el tiempo que decida esperar?”

7. El tiempo que queda de contrato puede cambiar completamente la decisión

No es lo mismo que queden cuatro meses. Que cuatro años.

Si falta poco para que la vivienda pueda quedar libre legalmente, esperar puede abrirte pronto un mercado mucho mayor de compradores.

Si quedan varios años, la decisión cambia. Porque esperar significa mantener la inversión durante bastante más tiempo.

Pero aquí hay una advertencia importante. No mires solo la fecha que aparece escrita al principio del contrato.

Los contratos de alquiler pueden tener prórrogas legales. Y existen plazos de preaviso que hay que respetar. 

Por ejemplo, en muchos contratos actuales de vivienda habitual, el propietario debe comunicar con suficiente antelación su voluntad de no renovar llegado el momento legal correspondiente.

Así que antes de pensar: “En marzo queda libre.” Comprueba que realmente será así. Porque puede que no si no has hecho las cosas bien.

8. No esperes dos años para descubrir que tenías que haber avisado antes

Esto merece su propio apartado.

Imagina que decides esperar porque calculas que el contrato termina dentro de unos meses.

Haces números. Planificas la venta. Quizá incluso decides cuándo harás las fotos. Y llegado el momento descubres que no comunicaste la no renovación dentro del plazo que correspondía.

Ahora tu calendario ya no es el que pensabas.

Y quizá tu estrategia tampoco.

Por eso, cuando alguien nos dice: “Esperaré a que termine el alquiler.” La siguiente pregunta debería ser: “¿Cuándo termina realmente?” No según tu memoria. Según el contrato y la normativa que le corresponda.

9. ¿Y si el inquilino quiere comprar?

Aquí puede aparecer una tercera opción que muchas veces ni se contempla.

No vender con el inquilino. No esperar a que se vaya. Vendérsela al propio inquilino.

Puede que no quiera. Puede que quiera pero no pueda financiarla. O puede que lleve años pensando: “Si algún día la vende, me interesaría.”

El inquilino ya conoce la casa.

Conoce el edificio.

Conoce la zona.

Sabe cómo funciona todo.

No necesita imaginarse viviendo allí.

Ya vive allí.

Por eso antes de poner en marcha una estrategia complicada, merece la pena conocer su posición.

Además, como explicamos en nuestra guía sobre vender una vivienda con inquilino, puede existir derecho de adquisición preferente dependiendo del contrato y de las circunstancias.

Propietario hablando con el inquilino sobre la posible venta de la vivienda

10. ¿Y si puedes llegar a un acuerdo con el inquilino?

Otra posibilidad.

Quizá el inquilino ya estaba pensando marcharse. Quizá tiene previsto cambiar de ciudad. Quizá está buscando otra vivienda. O quizá una salida pactada puede encajarle si se hace correctamente.

Hablar no significa presionar. Ni mucho menos intentar echar a nadie porque quieres vender. Significa conocer la situación real.

Porque a veces propietario e inquilino están haciendo planes por separado que podrían encajar perfectamente si hablaran. Y otras veces no.

También está bien. Pero es mejor saberlo. Y para ello hay que hablarlo.

11. Las visitas pueden hacer más atractiva la opción de esperar

Vender una vivienda habitada tiene otro pequeño reto. Hay una persona viviendo dentro. Y no puedes organizar las visitas como si la vivienda estuviera vacía.

Hay horarios.

Hay intimidad.

Hay una vida.

Hay que coordinar.

Y las visitas deben hacerse con consentimiento y sentido común.

Si el inquilino colabora y existe buena relación, puede funcionar perfectamente. Pero si organizar cada visita es una odisea, eso también debe tenerse en cuenta en la estrategia.

Porque una vivienda difícil de enseñar es una vivienda más difícil de comercializar.

Y aquí volvemos a algo que repito mucho: no necesitas cincuenta visitas. Necesitas las visitas adecuadas. Por eso, hacer un un filtrado es imprescindible en estos casos.

12. Esperar también puede servir para preparar mejor la vivienda

Supongamos que faltan pocos meses para poder venderla libre.

Ese tiempo puede utilizarse. No para quedarse mirando el calendario. Para preparar la venta. Revisar documentación. Analizar el precio. Resolver cargas o pequeños problemas registrales. Preparar certificados. Estudiar qué mejoras tendría sentido hacer cuando quede libre. Planificar fotografías. Decidir el posicionamiento. Y salir al mercado preparado desde el primer día.

Eso sí tiene sentido.

Esperar sin estrategia simplemente porque: “Ya veremos dentro de un año.”

Eso ya nos gusta menos.

Por antes de todo esto, como ya te he dicho, avisa al inquilino de tus intenciones de terminar el contrato con la suficiente antelacuión pactada.

13. Vender ahora puede tener sentido si necesitas liquidez

Hasta ahora hemos hablado mucho de precio. Pero hay algo más importante. Tu vida.

Quizá necesitas el dinero para comprar otra vivienda. Para cancelar una deuda. Para invertir en otro proyecto. Para repartir una herencia. O simplemente has decidido que no quieres seguir teniendo esa propiedad.

Esperar dos años para intentar conseguir un precio superior puede parecer una gran idea sobre una hoja de Excel. Hasta que necesitas ese dinero hoy.

El tiempo también tiene valor. Y ese valor cambia para cada propietario. Y ahí quizás debas sacrificar parte de lo pensado.

Las circunstancias mandan y a veces empujan sin quererlo.

14. Vender ahora puede tener sentido si el alquiler es atractivo para un inversor

Hay situaciones en las que el inquilino no es un problema. Es parte del atractivo. 

Un contrato estable. Una renta coherente. Un buen historial de pagos. Una vivienda con demanda. Y unos gastos razonables. Para un inversor, eso puede resultar muy apetecible.

Porque no compra únicamente una vivienda. Compra un activo que ya está produciendo ingresos.

Pero volvemos a lo mismo.

No basta con decir: “Está alquilado por 800 €.” Hay que relacionar esa renta con el precio de compra y los gastos.

El inversor hará números. Más vale que tú los hayas hecho antes también.

15. Esperar puede tener sentido si falta poco para que quede libre

Ahora vayamos al escenario contrario.

Quedan pocos meses. La vivienda tiene un perfil clarísimo de comprador particular. Hay mucha demanda de personas que quieren vivir en la zona. Y venderla con el contrato actual dejaría fuera a gran parte de ese mercado.

En ese escenario, esperar puede tener bastante lógica. Especialmente si durante ese tiempo sigues cobrando renta.

Pero, otra vez: primero hay que confirmar que la vivienda realmente podrá quedar libre en la fecha prevista.

Porque construir una estrategia sobre una fecha equivocada es construir encima de arena mojada.

16. Esperar puede tener sentido si la vivienda necesita mejorar su presentación

Otra situación habitual.

La vivienda está bien. Pero lleva años alquilada. Quizá necesita pintura. Alguna reparación. Actualizar iluminación. Eliminar pequeños desperfectos. Ordenar. Prepararla para fotografías.

No hablo necesariamente de hacer una reforma de 30.000 €. A veces pequeñas actuaciones cambian muchísimo la primera impresión. Y hacerlas mientras una persona vive dentro puede ser incómodo o directamente poco práctico o imposible.

Si queda poco para que termine el alquiler, puede tener sentido esperar y preparar bien la vivienda antes de salir al mercado.

Comparación entre vender una vivienda alquilada ahora o esperar

17. Lo que no haría: fijar un porcentaje automático de descuento

Verás artículos diciendo: “Un piso alquilado vale un 10 % menos.” Otros dirán 15 %. Otros 20 %. Nosotros no pondríamos ninguno de esos números sobre tu vivienda sin estudiarla.

Porque el valor depende de demasiadas variables.

No es lo mismo una vivienda alquilada por debajo de mercado durante cuatro años más. Que una vivienda con buena renta y seis meses de contrato.

No es lo mismo un apartamento pensado para inversión. Que una vivienda familiar donde prácticamente todos los compradores quieren entrar a vivir.

No es lo mismo Cullera. Que Fortaleny. Que Sueca. Que cualquier otro mercado.

El porcentaje fácil queda muy bonito en un titular. Pero no vende tu casa. ¡Cuidado con estas simplificaiones!

18. La comparación que sí haría

Nosotros pondríamos dos columnas. Literalmente.

OPCIÓN A: vender ahora con el inquilino.

Precio razonable de venta hoy. Tipo de comprador. Tiempo estimado. Renta que deja de cobrarse tras vender. Gastos que dejas de asumir. Facilidad de visitas. Situación del contrato. Y necesidad personal de vender.

Después ...

OPCIÓN B: esperar.

Tiempo restante real. Rentas netas que cobrarías durante ese periodo. Gastos que seguirás teniendo. Precio que podría defenderse si queda libre. Mercado de compradores al que accederías. Y riesgo de que el mercado cambie mientras esperas.

Y entonces sí. Comparas. No con sensaciones. Con números.

19. Un ejemplo sencillo

Voy a poner números inventados solo para entender la lógica. No para valorar ninguna vivienda concreta.

Imagina que hoy podrías vender una vivienda alquilada por 190.000 €. Y piensas que libre podría tener un mercado en torno a 205.000 €.

A primera vista parece fácil.

Esperas.

Y ganas 15.000 € más.

Pero falta información.

¿Cuánto tienes que esperar? ¿Tres meses? ¿Dos años? ¿Cuánta renta neta cobrarás mientras tanto? ¿Qué gastos tendrás? ¿Necesitas el dinero ahora? ¿Seguro que dentro de dos años el mercado seguirá permitiendo esos 205.000 €? ¿Existe hoy un comprador dispuesto a pagar 190.000 €? ¿Y si el inquilino quiere comprar por una cantidad cercana?

Ahora ya no parece una resta tan sencilla.

Ese es exactamente el motivo por el que creemos que hay que comparar escenarios antes de decidir.

20. Entonces, ¿qué opción es mejor?

No existe una respuesta universal, como ya te imaginas. Y cualquiera que te la dé sin ver tu contrato, la vivienda y los números está adivinando.

Vender ahora puede tener sentido si: Necesitas liquidez. Queda bastante contrato. La renta resulta atractiva para un inversor. El inquilino es solvente. Existe demanda inversora. Y el precio de venta actual encaja con tus objetivos.

Esperar puede tener sentido si: Falta poco para que la vivienda pueda quedar libre. El comprador natural de esa vivienda quiere entrar a vivir. La renta que seguirás cobrando compensa la espera. Puedes permitirte esperar. Y liberar la vivienda puede mejorar mucho su comercialización.

También puede ocurrir algo todavía más interesante: que después de hacer números descubras que la diferencia entre ambas opciones es mucho menor de lo que imaginabas.

Eso también es información valiosa.

Conclusión: no decidas si vender o esperar mirando solo el precio

Esta es la idea con la que deberías quedarte.

Si tienes una vivienda alquilada, no preguntes únicamente: “¿Cuánto vale hoy?”

Pregunta también: “¿Cuánto vale con este contrato?” “¿Cuánto podría valer libre?” “¿Cuánto tiempo tengo que esperar?” “¿Qué rentas cobraré mientras tanto?” “¿Qué gastos tendré?” “¿A qué compradores puedo vender en cada escenario?”

Y: “¿Qué necesito yo?”

Porque al final esto no va solo de una vivienda. Va de tomar una decisión con tu patrimonio.

Y esa decisión merece algo más que: “Yo esperaría.”

O: “Yo la vendería ya.”

Por eso, siéntate, respira y analiza todo.

Y por cierto, si tienes una vivienda alquilada y estás planteándote venderla, puedes empezar por comprobar cuánto podría valer actualmente desde nuestra página de valoración de vivienda.

Después se pueden poner encima de la mesa los dos escenarios. Vender ahora. Esperar. Y comparar.

Sin prisas. Sin inventarse porcentajes. Y, sobre todo: sin vender a ciegas.

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