Volver a Consejos

Vender una vivienda

“Lo que hace una inmobiliaria lo hago yo”: lo que no se ve detrás de una venta

Vender tu vivienda por tu cuenta es posible, pero hay tareas y riesgos que no se ven hasta que aparece un comprador. Te contamos qué revisar antes.

Por Mari

Haces cuatro fotos, subes el anuncio, respondes mensajes y enseñas la vivienda un sábado por la mañana.

Y piensas: “Pues tampoco era para tanto. Lo que hace una inmobiliaria lo hago yo”.

Y, ojo, hay una parte que sí puedes hacer tú.

Publicar una vivienda está al alcance de cualquiera. Lo que no suele verse desde fuera es todo lo que pasa antes, durante y después de colgar el cartel.

Porque vender una casa no es publicar y rezar.

El anuncio es solo la puerta de entrada

Hacer fotos, redactar una descripción y atender llamadas lleva tiempo. Pero no es lo que más puede complicarte una venta.

Lo delicado empieza cuando alguien te pregunta algo que no sabes responder con seguridad.

“¿Los metros de la escritura son los mismos que los del Catastro?”

“¿La terraza está incluida en la vivienda?”

“¿Queda alguna deuda de comunidad?”

“¿Esta reforma se hizo con permiso?”

Pueden parecer detalles. Pero no lo son.

Si respondes de memoria sin saberlo, o das por hecho algo que no está claro y comprobado, el problema puede aparecer justo cuando el comprador ya ha pedido una tasación que le cuesta 300€, ha hablado con su banco o quiere firmar una señal.

Cuando ya hay alguien que va para adelante, perder su confianza por que se entera que lo que dijiste no era cierto, puede ser definitivo para perdele.

El precio no sale de mirar tres anuncios ni del vecino de arriba

Es muy normal hacerlo: buscas viviendas parecidas en portales, miras la del vecino y eliges una cifra un poco por encima. Por si acaso y porque la tuya es mejor.

Pero un anuncio no dice por cuánto se ha vendido una casa. Dice por cuánto le gustaría venderla a su propietario y de momento no la vende. De lo contrario no estaría ahí.

Además, dos viviendas que parecen idénticas en una foto pueden no tener nada que ver en la realidad: altura, orientación, estado, distribución, ascensor, cargas, vistas, necesidad de reforma o situación documental.

Imagínate dos pisos en el mismo edificio. Uno está listo para entrar a vivir y el otro tiene una instalación antigua, una reforma pendiente y una terraza que no aparece igual en todos los papeles. Ponerles el mismo precio “porque son iguales” puede hacerte perder meses.

Y bajar el precio después de muchas visitas tampoco suele sentar bien. El anuncio ya ha dado vueltas, la gente empieza a pensar que algo ocurre y llegan ofertas mucho más bajas de lo que te puedes imaginar.

Por experiencia, es mejor salir con un precio ajustado y explicado que con uno optimista.

Propietaria comparando viviendas similares y precios en su portátil doméstico

Antes de enseñar, toca preguntar lo incómodo

Esta es la parte menos vistosa. También una de las más útiles.

Antes de poner una vivienda a la venta conviene revisar qué se vende exactamente, quién puede vender, si hay hipoteca, si existe alguna carga, cómo está la comunidad, qué documentación hay y si los datos encajan entre sí.

No significa que cualquier diferencia sea un drama.

Pero sí significa que debes comprobarla antes de que la descubra un potencial comprador por su cuenta.

Por ejemplo: recibes una buena oferta y el comprador deja una señal. Todo parece encaminado. Después, al revisar la documentación para preparar la operación, aparece que uno de los titulares no puede firmar todavía o que hay una cuestión pendiente relacionada con una herencia.

De repente no estás vendiendo una casa. Estás intentando explicar por qué no se lo dijiste antes y porque no puedes cumplir los plazos que se habían hablado.

Lo fácil sería decirte que ya se arreglará sobre la marcha. Lo responsable es revisar el riesgo antes.

Me repito más que el alioli con mucho ajo. La documentación no se revisa cuando aparece un comprador. Se revisa lo primero de todo.

No todas las visitas son buenas visitas

Que alguien quiera verla no quiere decir que pueda o quiera comprarla.

Hay compradores estupendos que todavía no han hablado en serio con su banco. Otros tienen que vender antes su propia vivienda. Los hay que les gusta pasearse por las casas de los demás para pasar la tarde. Algunos aseguran que la financiación “no será problema” y, bueno, ojalá.

Pero una venta no se sostiene con ganas.

Conviene hacer preguntas, escuchar y entender la situación de quien está interesado. Sin interrogatorio policial, claro. Nadie quiere enseñar su salón sintiéndose en una comisaría.

La idea es sencilla: no reservar tu vivienda durante semanas a alguien que no tiene clara su capacidad de compra, mientras dejas pasar a otra persona que sí estaba preparada.

También hay que filtrar visitas que solo están comparando, que buscan otra zona o que tienen unas expectativas imposibles. Enseñar por enseñar cansa mucho. Y tener que recoger la casa cada tarde para una visita que no tenía sentido, más.

Salón preparado y ordenado para recibir visitas durante la venta de una vivienda

Negociar no es solo bajar o subir una cifra

Cuando llega una oferta, casi nunca llega sola. Puede venir con condiciones, plazos, muebles incluidos, una reserva, una petición para entrar antes o una frase de esas que parecen pequeñas: “Luego lo vemos”.

Luego es cuando suelen venir los malentendidos.

Qué se entrega, cuándo se entrega, qué ocurre si alguien no puede seguir adelante, qué gastos asume cada parte o cómo se condiciona la operación son asuntos que conviene dejar claros y revisar bien.

Un ejemplo sencillo: aceptas un precio algo más bajo porque el comprador promete firmar rápido. Después resulta que necesita más tiempo para conseguir financiación y tú ya te has comprometido con otra compra. En ese momento, la rebaja ya no parece tan buena idea.

No se trata de desconfiar de todo el mundo. Se trata de no dar por escrito, ni por hablado, cosas que no entiendes del todo.

Entonces, ¿puedes venderla tú?

Sí, claro que puedes.

Si tienes tiempo, conoces bien la vivienda, sabes valorar con criterio, tienes la documentación ordenada y puedes gestionar visitas, negociación y seguimiento, puedes hacerlo por tu cuenta.

Pero no confundas poder hacerlo con que no haya trabajo detrás.

Una inmobiliaria seria no debería limitarse a publicar tu casa y esperar llamadas. Su trabajo está en revisar, detectar lo que puede torcerse, poner orden y acompañarte cuando llegan las decisiones de verdad.

No vendas tu casa a ciegas.

Hazme caso: si decides vender por tu cuenta, no empieces por las fotos. Empieza por los papeles, por el precio y por las preguntas incómodas.

Una cosa más antes de irte…

Si quieres partir de una cifra sensata, puedes pedir una valoración gratuita de tu vivienda y ver mejor desde dónde empezar.

Y si te viene bien recibir consejos claros para vender con más tranquilidad, puedes apuntarte a nuestros InmoConsejos.

Conversación

Comentarios

Puedes dejar tu comentario. Lo revisaremos antes de publicarlo. Tu email no se mostrará públicamente.

Todavía no hay comentarios publicados.

Responsable: Mari Piqueres. • Finalidad: controlar el spam y gestionar los comentarios. • Legitimación: tu consentimiento. • Conservación: hasta que tú lo decidas. • Comunicación de los datos: no se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal. • Derechos: información, acceso, oposición, rectificación, olvido, portabilidad, limitación, no ser objeto de decisiones individualizadas y presentar una reclamación ante la autoridad de control. • Contacto: info@lexmarinmobiliaria.es.

Sigue explorando

Más consejos de Lexmar.

Vuelve a Consejos para seguir leyendo sobre venta, compra y vida en la Ribera Baixa.

Ver todos los consejos