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Vender una vivienda

La guía para propietarios de pueblos que quieren vender sin ir a ciegas

Vender una vivienda en un pueblo tiene sus propias reglas. Antes de publicar, conviene ordenar papeles, valorar con datos y detectar lo que puede frenar una venta.

Por Mari

Tu vecino dice que su casa se vendió por una cantidad estupenda.

Tu cuñado cree que deberías pedir bastante más. Y alguien te comenta que las casas de pueblo ahora “vuelan”.

Con todo eso en la cabeza, abres el móvil, haces cuatro fotos y estás a punto de publicar.

Yo frenaría ahí.

Porque vender una casa en un pueblo no es publicar y rezar. Puede salir muy bien, claro. Pero también puede convertirse en martirio de llamadas, papeles que nadie encuentra y compradores que desaparecen cuando ven algo que no se explicó al principio.

No hace falta complicarlo. Hace falta poner orden.

El precio no lo marca lo que te gustaría sacar

Esto duele un poco, pero es importante.

Una vivienda vale lo que un comprador está dispuesto a pagar en ese momento, en esa zona y con sus condiciones concretas. No lo que costó reformarla hace años, ni lo que necesita la familia para repartir una herencia, ni lo que parece que sacó el vecino.

Además, en los pueblos hay diferencias enormes entre dos casas que, sobre el papel, parecen parecidas.

  • Una puede tener acceso cómodo en coche y otra una calle tan estrecha que da respeto meter la furgoneta.
  • Una puede estar lista para entrar y otra necesitar una reforma que el comprador no sabe calcular.
  • Una puede tener terraza, patio o vistas abiertas. La otra, una pared delante de la ventana.
  • Una puede tener nuevas las instalaciones de agua y luz, y eso es un dineral si tiene que hacerlo el comprador, y la otra estar todo de origen.
  • Una puede estar cerca de servicios o de una zona con demanda. La otra, no tanto.

Imagínate una casa de 150 metros con un patio estupendo. Suena bien. Pero si parte de esos metros no están claros en la documentación, o si el tejado pide atención, el anuncio no puede contarlo como si fuera una vivienda impecable.

Valorar bien no es poner el precio más alto para luego ir bajando. Es estudiar qué se está ofreciendo realmente y cómo se está moviendo el mercado alrededor.

Lo caro, casi siempre, suele ser vender mal una vivienda.

Propietario comprobando documentos y superficies de su vivienda antes de iniciar la venta

Los papeles no se buscan cuando aparece el comprador

Este es uno de los tropiezos más habituales.

Llega una visita interesada. Le gusta la casa. Quiere avanzar. Y entonces alguien pregunta por la nota simple, la referencia catastral, la escritura, la superficie o el certificado energético.

Todo sigue fluyendo muy tranquilo, hasta que nadie sabe dónde está una escritura antigua.

En viviendas de pueblo es bastante frecuente encontrar diferencias entre lo que pone en un documento, lo que aparece en Catastro y lo que hay construido de verdad. A veces no es un drama. Pero hay que verlo antes, entenderlo, ponerlo en orden y saber qué puede requerir revisión.

También conviene comprobar si hay cargas, si existe una hipoteca pendiente, si todos los propietarios pueden vender o si hay una herencia todavía sin ordenar.

No significa que la vivienda no se pueda vender. Significa que no deberías enterarte de ello el día que el comprador quiere dejar una señal.

La documentación se revisa antes. Así puedes explicar las cosas con claridad, honestidad y evitar prometer algo que luego no encaja.

Una casa antigua no tiene que parecer nueva, pero sí estar bien contada

Hay compradores que buscan precisamente una casa con vigas, patio y ese aire de pueblo que no tiene un piso nuevo.

Perfecto.

Pero una cosa es tener encanto y otra dejar dudas.

Antes de sacar fotos, revisa lo básico: humedades visibles, cubierta, instalaciones antiguas, grietas, cierres, accesos, puertas, persianas, almacenes y construcciones auxiliares. No para esconder lo incómodo, sino para saber qué estás vendiendo.

Yo no maquillaría un problema con una maceta delante. El comprador lo acabará viendo, su técnico también, y la conversación será bastante menos agradable después.

Por experiencia, funciona mejor explicar una vivienda como es: qué está bien, qué se ha mejorado y qué conviene revisar. Así atraes a quien entiende el proyecto y evitas visitas de personas que esperaban otra cosa.

Puede parecer algo de poca importancia, pero no lo es.

Salón de vivienda de pueblo que muestra su estado real antes de fotografiarla

No hace falta reformarla, pero sí hacer esto

Meterte en una reforma grande para dejarla perfecta no te garantiza que vayas a poder recuperar toda esa inversión.

Es mejor empezar por cosas sencillas, poco costosas y que sí tienen un gran impacto en el comprador.

Reparar y sanear humedades, pintar toda la casa, tirar todos los trastos y muebles que no sirven, despejar todas las estancias, ventilar siempre que se pueda, una limpieza muy a fondo y otra más ligera antes de cada visita, dejar con buen olor y presencia general, incluso la fachada y la calle

Y por supuesto, reparar cualquier cosa que no está como una persiana que no baja, una puerta o ventana que no cierra, un grifo que gotea, un WC que no funciona la cisterna, una luz que no se enciendo, ... esos pequeños detalles que tú verías en una visita para comprar tu casa, el comprador de la tuya también los ve y valora muy mucho que todo esté bien cuidado.

Si haces todo esto, te va a costar muy poca inversión y tu casa lucirá perfecta a ojos de los demás.

E incluso podrás subirle, 1.000€ o 2.000€ al precio de venta tranquilamente.

No todas las visitas son buenas visitas

En un pueblo, muchas consultas llegan con ilusión: “Buscamos algo tranquilo”, “queremos teletrabajar”, “nos gustaría una casa para los fines de semana”.

Está muy bien. Pero después hay que bajarlo a tierra.

¿Necesitan financiación? ¿Han visitado la zona o solo han visto fotos? ¿Saben que la casa requiere reforma? ¿Tienen claro el acceso, el aparcamiento, los suministros o la distancia a los servicios que necesitan?

Preguntar esto no espanta a los compradores serios. Al contrario: les ayuda a decidir con información real.

Ejemplo sencillo: una pareja ve una casa preciosa por internet y quiere reservarla. Después descubre que necesita financiación y que la reforma que imaginaba “para pintar y poco más” es mayor de lo que pensaba. Si eso se habla desde el principio, se evitan semanas de mensajes y expectativas cruzadas.

O imagina que es una familia que necesita desplazarse todos los días con transporte público, y el pueblo no tiene o tiene mala combinación, eso hay que preguntarlo para decírselo antes de que pierdan una tarde desplazándose kilómetros desde donde viven ahora.

No se trata de interrogar a nadie. Se trata de no confundir una conversación agradable con una operación viable.

Publicar bien también es seleccionar

Un anuncio no tiene que contar la novela completa de la vivienda. Pero tampoco debería crear una versión de fantasía.

Las fotos deben enseñar bien los espacios, con luz y sin esconder lo importante. Si hay un patio, que se vea. Si la vivienda tiene buenas vistas, también. Si necesita actualización, no pasa nada: se puede presentar con honestidad.

Y antes de decidir dónde publicar o quién va a enseñar la casa, piensa en esto: ¿quién va a filtrar consultas, comprobar datos, responder preguntas incómodas y acompañarte cuando llegue una oferta?

Porque poner un anuncio es fácil. Gestionar bien lo que viene después ya es otra cosa.

El orden que yo seguiría

Primero, reuniría y revisaría la documentación disponible.

Después, miraría el estado real de la vivienda, sin hacerme trampas. Luego valoraría con datos y decidiría un precio defendible.

Seguido a eso repararía, pintaría, limpiaría, despejaría, ... y así las fotos ya mostrarían la realidad.

Y solo entonces prepararía la publicación y las visitas.

Puede que haya algo que corregir o aclarar antes de vender. Mejor saberlo con calma que descubrirlo con un comprador sentado en el salón, el móvil en la mano y prisa por decidir.

No vendas tu casa a ciegas.

Una venta tranquila casi siempre empieza bastante antes de colgar el cartel.

Una cosa más antes de irte…

Si quieres ponerle un precio sensato a tu vivienda antes de tomar decisiones, puedes pedir una valoración gratuita de tu casa. Te ayudará a empezar con una referencia más útil que la opinión de la comida familiar.

Y si te viene bien recibir consejos claros sobre vender, comprar y ordenar este tipo de decisiones, puedes apuntarte a nuestros InmoConsejos.

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