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Vender una vivienda

Certificado energético: quién debe pagarlo realmente al vender una casa

El certificado energético suele correr a cargo del vendedor. Pero lo importante no es solo pagarlo: hay que tenerlo listo antes de anunciar la vivienda y revisar que esté correctamente registrado.

Por Mari

Ya tienes las fotos hechas, la casa recogida y ganas de poner el cartel.

Entonces alguien pregunta: “¿Y el certificado energético?”.

Y ahí aparece el estrés, las llamadas, los técnicos, papeles que no encuentras y dudas de última hora.

La respuesta rápida es esta: normalmente, el certificado energético lo paga el vendedor.

Es decir, tú, como propietario que vende la vivienda.

Pero hay algún matiz importante para que no te pille justo cuando aparece un comprador con prisa.

El certificado es responsabilidad del propietario que vende

En una compraventa, la obligación general de disponer del certificado energético corresponde al propietario.

No al comprador. No a la inmobiliaria. No al banco del comprador.

El certificado lo realiza un técnico competente, que visita la vivienda y analiza aspectos como cerramientos, instalaciones, orientación o sistemas de climatización. Después se obtiene la etiqueta energética y, según la comunidad autónoma, hay que tramitar su registro.

La idea es sencilla: quien pone la vivienda a la venta debe facilitar esa información a quien está pensando comprarla.

Por eso conviene tenerlo preparado antes de publicar el anuncio. La etiqueta energética debe aparecer en la publicidad de la vivienda. Aunque esto no ocurre siempre.

Técnica revisa una ventana y anota datos para preparar el certificado energético

¿Puede pagarlo el comprador?

El coste se puede pactar entre las partes, claro. Igual que se negocian otras cuestiones en una compraventa.

Pero una cosa es acordar quién asume el gasto y otra muy distinta quitarse la obligación de encima.

Si tú vendes, sigues teniendo que contratar y disponer del certificado y entregarlo al comprador cuando corresponda. Que el comprador acepte abonarte ese importe no convierte mágicamente el problema en suyo.

Imagínate que se firma una reserva y se deja escrito que el comprador pagará el certificado. Puede servir para repartir el coste, pero si el documento no está listo cuando hace falta, la operación sigue teniendo un problema.

Yo no empezaría por intentar ahorrarme ese gasto, por que suele estar entre 120€ y 150€. Empezaría por tener la documentación ordenada.

El error habitual: pedirlo cuando ya hay una oferta

Es bastante frecuente.

La vivienda se anuncia, llegan visitas, aparece alguien interesado y, cuando toca preparar la documentación para la reserva o para la notaría, nadie sabe dónde está el certificado. O resulta que caducó. O que nunca se registró correctamente.

Y lo que iba tranquilo se llena de mensajes diferentes del comprador, la gestoría, la notaría y el técnico.

Un ejemplo sencillo: recibes una oferta buena un viernes y el comprador quiere firmar arras la semana siguiente y en menos de 10 días ir a notaría. Si entonces empiezas a buscar técnico, puede que no llegues con todo revisado. No siempre bloquea la venta, pero sí puede generar retrasos, desconfianza o una negociación incómoda.

Y ten en cuenta que el Certificado Energético tienes que tenerlo para el día de la firma, así que debes de organizarte con tiempo para ello.

Publicar primero y revisar después parece más rápido. Hasta que deja de serlo.

Antes de encargar uno nuevo, revisa esto

Puede que ya tengas certificado y no necesites pedir otro.

Busca entre la documentación de cuando compraste (sobre todo si hace menos de 10 años), reformaste o alquilaste la vivienda. Revisa la fecha, la etiqueta y el justificante de registro si existe.

Como regla general, el certificado tiene una validez máxima de 10 años. Si la calificación es G, el plazo máximo suele ser menor: 5 años.

También conviene comprobar que el certificado corresponde exactamente a la vivienda que vendes. Parece obvio, pero con pisos heredados, referencias antiguas, cambios de portal o documentos guardados a medias, mejor no dar nada por hecho.

Y si has hecho una reforma importante en ventanas, aislamiento, aire acondicionado o calefacción, merece la pena comentárselo al técnico. No para perseguir una letra bonita como quien persigue el último décimo de lotería, sino para que el certificado refleje la vivienda real, tal como está ahora.

Certificado, etiqueta energética y justificante de registro ordenados junto a un calendario

Qué haría yo si estuviera preparando la venta

Primero revisaría si hay un certificado válido y correctamente tramitado.

Si no lo hay, pediría presupuesto a un técnico competente y lo dejaría resuelto antes de anunciar la vivienda. El precio puede variar según la casa, la zona, la visita y la gestión del registro, así que no te fíes de una cifra lanzada por teléfono sin saber ni qué vivienda es.

Después guardaría juntos el certificado, la etiqueta y el justificante de registro. Cuando llegue el momento de firmar, agradecerás no estar abriendo veinte conversaciones de WhatsApp buscando un PDF.

No vendas tu casa a ciegas.

El certificado energético no suele ser lo más difícil de una venta, pero dejarlo para el final es una forma muy tonta de complicarla.

Revísalo antes y tendrás una preocupación menos cuando aparezca el comprador adecuado.

Una cosa más antes de irte…

Si quieres poner orden antes de vender, puedes pedir una valoración gratuita y realista de tu vivienda. Así empiezas con datos, no con suposiciones.

Y si te viene bien recibir consejos claros para vender sin liarte con cada documento, puedes apuntarte a nuestros InmoConsejos.

Y por último, puedes descargarte esta Check-List de 48 puntos que deberías revisar para que no se te escape nada al vender tu casa.

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