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Vender una vivienda

San Idealista no vende casas: por qué publicar y esperar no es estrategia

Publicar tu vivienda en un portal no basta para vender bien. Te contamos qué revisar antes, cómo detectar si algo falla y por qué esperar no es una estrategia.

Por Mari

Publicas la vivienda un domingo por la tarde.

El lunes miras el móvil cada diez minutos.

El martes se lo mandas a tu cuñado: “A ver qué te parece el anuncio”. Y el miércoles ya estás pensando que igual la gente no compra porque está esperando al verano, a Navidad o a que pase de nuevo el Cometa Halley por la Tierra.

Pero no.

Normalmente no falta un santo en Idealista. Falta estrategia.

Publicar una vivienda y esperar a que aparezca el comprador perfecto puede funcionar alguna vez. Como encontrar aparcamiento justo delante del restaurante donde vas a comer. Ocurre, a veces, pero no montaría el plan alrededor de eso.

Los primeros días cuentan más de lo que parece

Cuando una vivienda se publica, llama la atención. Es nueva, aparece en las alertas y los compradores que llevan tiempo buscando activamente la ven. Esos son los buenos, los que ya han decidido que quieren comprar.

Por eso, ese momento es importante.

Si el precio no encaja, las fotos no ayudan o la información deja demasiadas dudas, mucha gente pasa de largo. Y quien ha visto el anuncio al principio suele acordarse de él cuando lleva semanas, o meses, publicado.

Entonces llega una frase muy conocida: “Bueno, ya bajaremos un poco más adelante”.

El problema es que no siempre se interpreta como una oportunidad. A veces se interpreta como que algo no cuadra.

No significa que una vivienda que lleve tiempo anunciada tenga un problema. Pero sí que debes preguntarte por qué no ha generado el interés esperado.

Publicar primero y revisar después parece más rápido. Hasta que deja de serlo.

Mujer comparando precios de viviendas similares antes de decidir el precio de salida

El precio no se elige mirando solo al vecino

Tu vecino puede haber vendido por una cifra estupenda. O puede haber dicho que vendió por una cifra estupenda.

Son cosas distintas.

Además, quizá su casa tenía ascensor, reforma reciente, una terraza mejor orientada o un comprador que llevaba tres meses buscando justo eso. Cada vivienda tiene su historia.

Para poner un precio con sentido hay que comparar inmuebles parecidos, sí, pero parecidos de verdad: zona, estado, planta, distribución, luz, extras y situación actual de la oferta.

También hay que distinguir entre lo que se pide y lo que realmente se termina aceptando. Un anuncio es una intención. Una venta cerrada ya es otra cosa.

Imagínate dos pisos en la misma calle. Uno está cuidado, limpio, despejado y tiene una distribución cómoda. El otro necesita una actualización importante, está lleno de trastos y en las fotos parece que el salón está jugando al Tetris con los muebles. Ponerles el mismo precio solo porque tienen los mismos metros no tiene mucho sentido.

Lo fácil sería decirte el precio más alto para que te vayas contento. Lo responsable es explicarte qué puede pasar si sales demasiado arriba.

Una buena visita empieza antes de que alguien llame

No todas las visitas son buenas visitas.

Y no todas las llamadas merecen que dejes lo que estás haciendo, recojas la casa a toda velocidad y pongas cara de “aquí vivimos así de ordenados siempre”.

Antes de enseñar, conviene saber qué busca esa persona, si necesita vender otra vivienda, si tiene financiación encaminada y cuándo le gustaría comprar. No se trata de interrogar a nadie. Se trata de no confundir curiosidad con intención real.

También conviene que el anuncio responda a lo básico con claridad. Las fotos deben enseñar la vivienda, no esconderla detrás de filtros oscuros, grandes angulares imposibles o una maceta colocada con más protagonismo en el salón, del que debería, solo para tapar un desperfecto.

Y hay que contar lo que toca contar. Si no tiene ascensor, no lo tapes con una foto preciosa de la escalera. Si necesita reforma, es mejor explicar su potencial que hacer como si una mano de pintura fuera a solucionar unos cables eléctricos desfasados o unas cañerías antiguas.

La transparencia filtra visitas que no encajan, te evita perder el tiempo y hace que las que sí encajan lleguen mejor preparadas.

La documentación no se busca cuando aparece una oferta

Esto es de las cosas que más dolores de cabeza evita.

Un comprador se interesa. Parece decidido. Quiere avanzar. Y entonces alguien pregunta por un documento que nadie encuentra, por una carga pendiente o por un dato que no coincide.

Y ahí empieza el pequeño festival de llamadas, papeles, mensajes y prisas.

Antes de publicar, revisa la situación de la vivienda y la documentación disponible. Titularidad, cargas, datos registrales y catastrales, m2, comunidad, recibos, certificados o cuestiones que puedan afectar a la venta. Qué hace falta exactamente dependerá de cada caso.

Puede que no te parezca importante, pero es de esos detalles que tumban una venta.

Piensa, por ejemplo, en una vivienda heredada entre varios hermanos. Todo va bien hasta que hay que concretar quién puede firmar, si está todo formalizado o si falta algún trámite. El anuncio puede estar precioso. Pero si la operación no está preparada, no avanzará por muchas visitas que tengas. Y si se cae por tu culpa, seguramente te tocará pagar.

La documentación no se revisa cuando aparece un comprador. Se revisa lo primero de todo.

Documentación de una vivienda organizada con recibos y plano antes de iniciar la venta

Esperar no te da información si no estás midiendo nada

Si pasan tres semanas y no hay llamadas, hay que revisar algo.

Si hay muchas visitas al anuncio pero nadie pide verla, quizá el precio, las fotos o la información están frenando. Si hay visitas presenciales pero no llegan ofertas, puede que la expectativa creada por el anuncio no coincida con lo que la gente encuentra al entrar.

Y si llegan ofertas muy por debajo, no conviene enfadarse automáticamente. Algunas serán oportunistas, claro. Pero otras pueden estar señalando que el mercado está viendo la vivienda de otra manera.

Debes coger perspectiva, alejarte un poco y no tomártelo de manera personal.

La estrategia no es publicar y rezar. Es observar, entender qué está pasando y tomar decisiones con datos.

A veces la respuesta será ajustar el precio. Otras, mejorar la presentación. O aclarar una cuestión documental antes de seguir enseñando. Y otras, sencillamente, esperar porque el planteamiento es correcto y el comprador adecuado todavía no ha llegado.

Pero esperar por esperar no es un plan.

Antes de pulsar “publicar”, haz esto

Yo empezaría por tres preguntas muy sencillas, con la cabeza fría, no con el corazón:

  • ¿Sé qué precio tiene sentido para mi vivienda hoy, no hace dos años?
  • ¿Tengo clara la documentación y los posibles puntos que pueden retrasar la venta?
  • ¿El anuncio enseña la casa como es y atrae al comprador que de verdad puede encajar?

Si alguna respuesta es “más o menos”, merece la pena parar un poco y ajustarlo.

No para eternizarte. Para salir bien.

Vender una vivienda no es publicar y esperar. Es preparar, explicar, filtrar, revisar y acompañar cada paso.

No vendas tu casa a ciegas.

Una buena venta no empieza cuando entra la primera llamada. Empieza antes, con las preguntas incómodas encima de la mesa.

Una cosa más antes de irte…

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