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Vender una vivienda

Añade los muebles que te vas a llevar en el contrato de arras si no quieres sustos

Ese aparador, la lámpara del salón o los electrodomésticos pueden acabar siendo un problema si no se concreta qué se queda y qué te llevas. Antes de firmar arras, deja los muebles por escrito.

Por Mari

Has vendido la casa. O casi.

El comprador la visitó, le encantó el salón y hasta comentó lo bonito que quedaba ese aparador antiguo de tu abuela junto a la ventana.

Tú asentiste, porque qué vas a decir. Pero pensabas llevártelo a tu nueva casa.

Luego llega el día de recoger, aparece una furgoneta, desmontas el aparador y cuando lo estás dejando en tu casa nueva recibes un mensaje: “¿Dónde está el mueble del salón?”.

Y ahí empieza el pequeño festival de llamadas, recuerdos distintos y frases como “pero si eso se quedaba”.

Por eso, si hay muebles, lámparas, electrodomésticos o cualquier elemento que te vayas a llevar, déjalo escrito en el contrato de arras.

Puede parecer un detalle sin importancia, pero en la practica puede acabar con una relación cordial .

Lo que el comprador ve puede entenderlo como parte de la casa

Cuando enseñas una vivienda amueblada, el comprador no solo ve metros cuadrados. Ve una casa montada.

Ve la mesa, los armarios, la televisión colgada, la lámpara del comedor, el frigorífico y esa estantería hecha a medida que encaja perfectamente en el hueco.

Y, aunque no siempre tenga razón, puede dar por hecho que algunas cosas se quedan si nadie le dice lo contrario.

El problema es que “los muebles” no significa lo mismo para todo el mundo.

Para ti, quizá es evidente que te llevas la mesa de comedor. Para el comprador, quizá era evidente que se quedaba porque la vivienda se la enseñaste con ella puesta.

No vendas tu casa a ciegas.

Ni compres problemas por no dedicar diez minutos a hablar de esto.

Propietario preparando una lista de electrodomésticos que no se incluirán en la venta

No basta con decirlo durante la visita

Decir “esto me lo llevo” mientras señalas una lámpara puede servir para que alguien lo recuerde.

O puede perderse entre veinte visitas, una negociación de precio, la tasación del banco y las prisas por firmar.

Lo hablado ayuda. Lo escrito evita discusiones.

En el contrato de arras conviene indicar qué bienes se incluyen en la venta y, sobre todo, qué elementos quedan expresamente excluidos.

No hace falta convertir el documento en el inventario de una tienda de decoración. Pero sí nombrar lo que puede generar dudas.

Por ejemplo:

  • Electrodomésticos: frigorífico, lavadora, horno, lavavajillas o vinoteca.
  • Muebles que quieres conservar: aparador, cama, mesa, sofá o armarios auxiliares.
  • Lámparas decorativas que no son las habituales del inmueble.
  • Televisores, barras de sonido y soportes.
  • Estanterías, muebles hechos a medida o elementos fijados a la pared.
  • Maceteros, pérgolas, muebles de terraza o una barbacoa.

Si algo no se queda, también puedes recogerlo antes de las visitas. Así nadie tiene que jugar a adivinar al llegar el día de la entrega.

Ojo con lo que está fijado a la vivienda

Aquí conviene parar un momento.

No es igual llevarte una mesa que desmontar un armario empotrado, una mampara, un toldo, una lámpara integrada en un falso techo o el aire acondicionado.

Hay elementos que, por cómo están instalados o por su función, pueden entenderse vinculados a la vivienda. Quitarlos puede dejar desperfectos, cambiar lo que se enseñó al comprador o abrir una discusión que era perfectamente evitable.

Imagínate que te llevas el mueble de baño porque lo pusiste tú y te encanta. Después queda un azulejo sin revestir, agujeros en la pared y una tubería a la vista. Ahí no hablamos ya de un simple mueble.

Yo no daría por hecho que puedes retirar cualquier cosa solo porque la pagaste en su día.

Si tienes dudas con un elemento fijo o instalado, revísalo antes de firmar y deja clara la solución: si se queda, si se sustituye por otro o si se retira y cómo quedará la zona.

Baño con anclajes visibles tras retirar un mueble auxiliar fijado a la pared

Haz fotos y prepara una lista sencilla

La forma práctica de evitar líos es bastante poco glamurosa: una lista clara y unas fotos.

Antes de las arras, recorre la vivienda con calma. Como si fueras a mudarte mañana.

Apunta lo que te llevas y lo que dejas. Después, revisa esa lista con el comprador para que no haya interpretaciones.

Un ejemplo sencillo:

  • Se incluyen horno, placa, campana extractora, lavavajillas y muebles de cocina.
  • No se incluyen lámpara del comedor, espejo del recibidor, televisión del salón ni mesa de terraza.
  • El vendedor retirará el armario auxiliar del dormitorio y reparará los anclajes visibles.

Sin poesía, pero muy útil.

Y si el comprador compra porque le gusta el piso tal como lo ha visto, las fotos pueden ayudar a que ambos habléis de lo mismo. No sustituyen lo que debe constar en el contrato, pero ordenan bastante la conversación.

No esperes a la firma de compraventa

Este asunto se habla antes de aceptar una señal.

No cuando ya hay una fecha de notaría encima, cajas por el suelo y familiares opinando sobre una lámpara que, curiosamente, nadie había mencionado hasta entonces.

Si el comprador quiere que algo se quede y tú no quieres dejarlo, mejor saberlo pronto. Quizá no sea importante. Quizá haya que ajustar el acuerdo. Pero lo normal es que tenga solución si se habla con tiempo.

Y si ya has firmado arras y ahora aparece la duda, no improvises. Revisa lo pactado y procura dejar cualquier cambio acordado por escrito por las dos partes.

Los contratos de arras pueden tener consecuencias relevantes si hay incumplimientos o desacuerdos. Por eso, si la redacción no está clara o el caso tiene alguna particularidad, conviene que lo revise un profesional antes de firmar.

La recomendación es sencilla: todo lo que pueda hacer que alguien diga “yo pensaba que eso se quedaba”, se apunta.

Te ahorrarás discusiones, visitas incómodas a una casa que ya no sientes tuya y alguna que otra cara larga el día de las llaves.

Y ya está.

Una cosa más antes de irte…

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