El comprador te dice que necesita entrar ya a tu casa una semana antes de la firma.
Quiere medir la cocina, dejar unas cajas, adelantar la reforma o mudarse porque ya ha entregado su piso de alquiler.
Y tú piensas: «Bueno, si la compraventa está clara, ¿qué puede pasar?».
Pues pueden pasar unas cuantas cosas.
Primero lo importante: no entregues las llaves ni permitas que el comprador use la vivienda antes de firmar en notaría sin revisarlo muy bien y dejarlo por escrito.
Lo fácil sería decirte que sí para quedar bien. Lo responsable es explicarte el riesgo.
Hasta la firma, la vivienda sigue siendo tuya
En una compraventa normal, la entrega de la vivienda y de las llaves se hace al firmar la escritura.
Antes de ese momento pueden existir arras, una oferta aceptada, gestiones con el banco e incluso una fecha reservada en notaría. Pero eso no convierte al comprador en propietario.
Y tampoco significa que la operación vaya a cerrarse sí o sí.
Puede fallar la financiación. Puede aparecer un problema en la documentación. Puede haber un desacuerdo sobre alguna condición. O puede retrasarse la firma por algo tan poco glamuroso como que falta un papel o una cancelación registral no está lista.
Y ahí empieza el tsunami de llamadas, mensajes a deshoras y versiones propias a dos bandas de la misma conversación.
El problema no son las llaves: es la posesión
Una cosa es que el comprador entre contigo a medir una pared durante media hora.
Otra muy distinta es darle una copia de las llaves, permitirle guardar muebles, llevar obreros o pasar la noche allí.
En ese momento le estás dando uso de una vivienda que todavía está a tu nombre. Si después la firma se cae o se retrasa, recuperar la situación puede ser bastante más incómodo de lo que parecía delante de un café.
Imagínate que ya ha desmontado una cocina, ha pintado el salón o ha dejado medio trastero lleno de cajas.
¿Quién responde por un desperfecto? ¿Quién paga los suministros? ¿Qué pasa si un operario se hace daño? ¿Y si el comprador dice que había entendido que podía quedarse hasta firmar?
Puede parecer poco importantes. Pero también puede ser un problemón.
Lo que suele hacerse mal
El error típico es resolverlo con un «tranquilo, está todo hablado».
Las palabras no tienen cimientos como las casas y está todo hablado hasta que alguien recuerda otra cosa.
También conviene evitar frases como «solo va a entrar un par de días» o «el banco ya lo tiene aprobado». Una aprobación bancaria no sustituye una escritura firmada, y un par de días se pueden convertir en bastantes más si algo se tuerce.
Otro fallo es dejar entrar al comprador para hacer obra antes de cerrar la venta. Aunque sea una reforma pequeña. Una vez empiezan a entrar profesionales, materiales y herramientas, el asunto deja de ser tan sencillo.
Yo no empezaría por ahí.
Si de verdad necesitas permitir el acceso, déjalo muy claro
Hay situaciones en las que puede tener sentido facilitar un acceso limitado. Por ejemplo, para tomar medidas, revisar una instalación con un técnico o planificar una reforma después de la compra.
Pero debe estar limitado de verdad.
Si decides hacerlo, revisa antes con un profesional qué documento necesitas en tu caso. Debe quedar claro, como mínimo:
- para qué puede entrar el comprador;
- qué días y durante cuánto tiempo;
- si puede acceder solo o siempre acompañado por ti;
- que no puede ocupar la vivienda ni dejar pertenencias;
- que no puede hacer obras ni modificaciones;
- quién responde si hay daños;
- qué ocurre si finalmente no se firma la compraventa.
Si se entrega alguna llave, que sea con un control claro y con obligación expresa de devolverla. Y, si la situación implica uso real de la vivienda antes de la firma, no lo improvises: consulta con la notaría y con quien esté revisando la operación.
Hazme caso: un documento corto y bien planteado da menos trabajo que arreglar un malentendido después.
Antes de decir que sí, revisa estas tres cosas
La fecha de firma. No es lo mismo entrar dos días antes de una escritura ya preparada que hacerlo cuando todavía faltan tasación, aprobación definitiva o documentos importantes.
El estado de la operación. Comprueba qué se ha firmado, qué condiciones quedan pendientes y qué dice el contrato de arras (que espero que lo lo haya).
Tu situación. Si sigues viviendo allí, tienes muebles, suministros a tu nombre o necesitas tiempo para mudarte, no te pongas una presión innecesaria por resolver la urgencia de otra persona.
La opción más segura
La opción más segura suele ser sencilla: firma en notaría, cobra lo pactado y entrega las llaves en ese momento.
Sin dramas. Sin cajas en el pasillo. Sin un albañil preguntándote dónde está la llave del cuarto de contadores de una casa que todavía es tuya.
Si el comprador necesita organizarse antes, puedes ayudarle con una visita para medir o con información útil de la vivienda. Pero no confundas ser flexible con asumir un riesgo que no te toca.
Antes de entregar una llave, para un momento, revisa lo firmado y deja las condiciones por escrito. No vendas tu casa a ciegas.
Una cosa más antes de irte…
Si todavía estás ordenando la venta y quieres partir de un precio razonable, puedes pedir una valoración gratuita de tu vivienda. Tener claros los números ayuda a negociar con menos prisas.
Antes de que aparezca un comprador con urgencias, conviene revisar muchos detalles pequeños: papeles, llaves, suministros y condiciones de entrega. Para eso tienes nuestra Check-List de 48 puntos.
Y si te viene bien recibir consejos claros para vender con cabeza, puedes apuntarte a nuestros InmoConsejos.
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